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No eres tú...soy yo.


No es la corrupción, es que la sociedad la haya normalizado.

No son las propuestas, es la falta de interés por conocerlas.

No es que llegue un salvador y cambie el país, es la imperancia de cambiar uno mismo.

No son las nuevas soluciones, sino el hartazgo de sentirse defraudado.

No son los malos políticos, son las posibilidades que se les dieron para delinquir como lo hicieron.

Queda claro que hace falta parar esta masacre de valores en la que nos hemos convertido para generar un ambiente de paz, del cual hace tiempo no tenemos noticias; sin embargo será importante tomarse la molestia de abrir la mente y estudiar las posibilidades existentes y la actitud que uno como ciudadano empiece a tener. Hacer las cosas bien no debe ser ocasional, debe ser un estilo de vida.

Aprender a reconocer éxitos y no sólo criticar fracasos, decidirnos a convertir los sueños en metas. Tener claro que la responsabilidad y la elección de cómo vivimos vida es sólo nuestra, de nadie más.

Los acontecimientos en la vida son siempre consecuencias, positivas o negativas, en las que todos estamos de alguna u otra forma involucrados. No se vale tomar partido al habla cuando no se es capaz de generar acciones en pro del entorno.

Muchas quejas y comentarios se leen en período de elecciones de gente que ni siquiera irá a votar porque no tiene credencial, porque no está en el país, o porque no tiene ganas de hacerlo. No se vale convertirse en opinólogo cuando no hay información que respalde, no se vale quejarse cuando no se participa desde la genuina intención interna de mejora, mucho menos se valdría actuar desde la entraña y la desconfianza , es entendible, pero seguramente no llevará al mejor desenlace.

Ni todos son malos, ni todos son buenos, es simplemente el freno que como sociedad le pongamos a nuestra participación en cada acción que no se realice con base en el deber ser.

No son las esperanzas lo que generarán un cambio, sino las acciones que en consecuencia cada quien realice desde su propia trinchera

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