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¿Ansiedad y tristeza? ¡Vuélvelas tus aliadas!


Desde que nacemos y conforme vamos creciendo se adhieren a nosotros ideologías a veces aprendidas por experiencias propias y en ocasiones heredadas de quienes nos crían; esto nos forja un comportamiento, acciones que siempre van acompañadas de alguna emoción. Sigmund Freud en su obra explicaba que ciertos acontecimientos se impregnan en nuestro cerebro, forjando así una memoria que al depositarse en el sistema anímico permanece ahí para siempre, activándose sólo en ciertos momentos en que algo denota el recuerdo. A esto él llamaba huellas mnémicas. La realidad, y en palabras fáciles, es que así crecemos, impregnando emociones en cada paso que vamos dando, tal como cuando se forman huellitas al caminar en la orilla del mar, si ahora mismo lo imaginas, puedes notar cómo esas huellas cuando pisas fuerte se hacen profundas ocasionando que el agua entre y se estanque, siendo distinto cuando las pisadas no son tan marcadas; quedemos en claro, que aún cuando el agua se estanque tarde o temprano se absorbe y vuelve a su proceso natural en el ambiente.

A las emociones nos gusta calificarlas, satanizándolas o glorificándolas dependiendo de con qué evento las estemos relacionando. Y es de esta forma que decidimos por ejemplo, que ciertos aromas nos recuerdan a algo agradable, o que ciertas fechas nos duelen, vamos por la vida diciendo cosas como: “esa emoción es negativa, no la sientas”, “esa emoción es positiva” o “no me gusta esa fecha porque siento feo de acordarme”…

Veamos ahora desde otra perspectiva las cosas, pensemos en la posibilidad de que: LAS EMOCIONES SON. No son buenas, no son malas, simplemente son. Y nosotros vamos dándole significado por asociación con lo que nos ocurre. La buena noticia, es que además de ser neutrales, las emociones siempre tienen una utilidad, y siempre se puede volver a impregnar la misma huella con la misma emoción vista desde otro punto más agradable... el truco está en descubrir ¿para qué me sirve esa emoción? ¿qué me está tratando de decir? y ¿con qué intensidad le permitiré filtrarse en mi? .

El miedo. Escucho constantemente que el miedo es malo, pero analicemos: si nunca tuviéramos miedo ¿cómo le haríamos para ser precavidos y cruzar una avendida grande sin que nos atropellen?, por ejemplo. Si lo vemos así descubrimos que el miedo no es malo, simplemente hay que saberlo reconocer ,aceptar y después utilizar.

La culpa: Otra de las emociones castigadas; si nunca tuviéramos culpa probablemente seríamos incapaces de detectar cuando hemos herido a alguien y lo repetiríamos una y otra vez. La ansiedad: De las más temidas; a mí en lo personal me ha ayudado a impulsarme para ejercer acciones; a veces gracias a la ansiedad o nervios que me provoca hacer algo; decido estudiarlo o practicarlo y con ello la disminuyo, mejoro mi actividad y ¡hasta la agradezco!.

La tristeza: La he sentido y vivido en muchas ocasiones (sí, soy de esas que sienten mucho) gracias a ella a veces me acurruco a descansar lo que en meses no había descansado siendo que mi cuerpo lo pedía a gritos, también nos hacer ser reflexivos, gente triste y vulnerable ha expresado las más hermosas obras de arte. El enojo: La típica emoción que desde niños nos prohiben tener...cuidado, suele confundirse con miedo, a veces reaccionamos a la defensiva cuando estamos asustados, tal como hacen los pulpos cuando sueltan su tinta; pero busquémosle una utilidad en caso de que sí sea enojo, a mí en lo personal me ayuda a poner límites, a esforzarme, a veces a retirarme y cambiar de ruta a un mejor camino…hasta para hacer cosas que no me había atrevido a hacer, ahora analiza para qué te sirven a ti.

Así nos podríamos ir con muchas más; el punto es que en vez de sufrirlas y llamarlas “malas” aprendamos a gradecerlas, aceptarlas, entenderlas y descubrir para qué nos sirven o qué nos están tratando de decir. Todas las emociones tienen una enseñanza; ese “lado b” que tal vez no estamos acostumbrados a ver, pero hoy que ya lo sabes puedes empezar a practicarlo y cambiar tu panorama por completo, dales su tiempo, su espacio, y sólo la intensidad necesaria, encuéntrales el lado b y vuélvelas tus aliadas.

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