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La era de los desechables y el botón de encendido/apagado


Resulta que hoy en día vivimos en la era de la practicidad...

Hemos vuelto tan práctica nuestra vida que muchas veces basta con apretar un botón para que cambie todo el entorno en el que nos encontramos. Un botón decide si queremos subir o bajar la temperatura, lo mismo si queremos calentar o no una comida, se han abaratado tanto algunas cosas que resulta más práctico a veces tirarlas y comprar otras que mandarlas a reparar.

Pero ¿qué está pasando con lo que no son cosas sino humanos y situaciones? ¿en qué momento se decidió tratar a las relaciones (de todo tipo) al igual que a los pañales desechables?. ¿En qué momento empezamos a utilizar la misma fórmula de abaratamiento para todo?

Es decir, de manera personal me parece útil el cambiar de aire acondicionado ó de impresora cuando se descompone si es que sacando un análisis de costos me resultara apropiado en vez de mandarlo reparar. Pero, ¿quien supuso que los seres humanos podríamos abaratarnos de la misma forma? .

Contrario a esa costumbre y modo de vida *práctico* se propondría en este espacio analizar un tanto más si esa supuesta practicidad no está complicando muchísimo más las cosas de manera interna. Cambiar de trabajo cada que me equivoque me podría traer como consecuencia una inestabilidad económica y moral suficiente como para que mis conocimientos en cualquiera que sea la labor que desempeñe lejos de crecer se estanquen e incluso mi autoestima se vea dañada.

En Cuba, platicando alguna vez con un taxista (muy culto de hecho y muy ameno en su conversación) me hacía ver que ahí si alguien no desempeñaba bien su trabajo NO se le despedía ni tampoco se le conservaba ahí…la manera de “reprenderlo” era mandándolo de nuevo a estudiar eso que no había trabajado bien para que lo entendiera y sin problema pudiera continuar con su labor. En Cuba por lo visto aún no es todo desechable.

Mis padres parece que tampoco son de la era de la practicidad pues llevan más de 40 años juntos, y felices. Claro, supongo habrán tenido diferencias, en tantos años ¿cómo no tenerlas? pero en su caso decidieron que resultaba mejor ser como en Cuba, aprender y entender para continuar.

Nadie habla de que eso fuera obligatorio en todos los casos pues así también es un hecho que en ocasiones hay rupturas y ahí si conviene mejor cambiar de “producto” . Pero ¿hasta qué punto no era reparable?

Cada quien puede elegir hasta qué punto devaluamos o no aquello que tanto tiempo nos había tomado construir. Hasta qué momento podemos buscar una estabilidad que al mismo tiempo fortalezca nuestro interior.

Los pañales son desechables pero las relaciones humanas no. El aire acondicionado es cómodo y de primera instancia resuelve nuestra aparente necesidad de sentir menos calor pero también resulta muy acertado aprender a tolerar los cambios climáticos, permitir a nuestra piel que se acostumbre a esos cambios puede resultar sumamente útil y podría en algunos momentos fortalecer esos tejidos para que estén preparados para cualquier otra inclemencia del tiempo.

La era de los desechables y los prácticos botones solucionan de momento, pero si lo llevamos a un plano interno, podría ser que lejos de solucionar estuviera tapando heridas sin permitirles sanar. Toda herida cicatriza si la dejamos cicatrizar, y la buena noticia de ello es que una vez que ha cicatrizado ese tejido que se reconstruye queda fuerte y listo para continuar con su función..

Si no nos damos una siguiente oportunidad en cualquiera que fuera la equivocación, muy probablemente nunca se logre el acomodo y la perfección en ello. Nos estaríamos privando de saber qué hubiera pasado una vez aprendido el supuesto error. Estaríamos cambiando de sitio y situaciones sin darnos permiso de perfeccionar la que podría ser una de las mejores aventuras de nuestras vidas. Si le damos el botón de apagado tal vez lo que se apague sea mucho más que una simple luz artificial, se correría el riesgo de privar que brille una luz fuerte e intensa interna.

Hay COSAS que bien pueden ser desechables…pero sería agradable recordar que a las PERSONAS no se nos debe confundir con objetos y por ello dar y recibir el trato de lo que somos sería mucho más saludable.

A ti que ahora lees esto, te invito a que si algo crees que no está funcionando del todo antes de desecharlo busques repararlo, antes de que lo apagues lo toleres, quien sabe, tal vez el resultado final te sorprenda y resulte mejor.

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