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El amor SÍ se crea y se destruye…también se transforma.


“No encuentro el amor” …”yo no hice NADA , sólo se nos acabó el amor….” No estoy hecho para el amor, porque no me funciona con nadie…” esas son algunas de tantas frases comunes que hoy en día se escuchan y leen en los diversos medios de “comunicación” o ¿debo decir “des-comunicación”? en cualquier género, edad y nacionalidad.

Podríamos hacer el experimento de observar la vida diaria de diferentes grupos de personas, de distintas esferas socioculturales, económicas e incluso a gran brecha de edad; desafortunadamente ésas y otras frases y actitudes se repiten una y otra vez sin respetar absolutamente nada más que el momento histórico en el que nos encontramos. La parte más desafortunada de esto es el vacío tan grande que se profundiza en quienes van protagonizando estas historias.

Un punto a destacar aquí es que también en ocasiones estas repetidas historias nada tienen que ver con el estatus con el que se cuente; es decir: puedes estar en una relación; ¡pero cuidado! porque podrías sentirte exactamente igual que si estuvieras solo o peor…”en una relación donde YA NO HAY relación”; y todo esto acaba teniendo el mismo común denominador interno: La sensación de soledad, desesperanza, vacío o en el APARENTEMENTE menos trágico caso; el egoísmo y la barrera “protectora” (que suele por acabar perforando más profundamente el alma) para no sentir.

La buena noticia ante tan desolado inicio de este artículo es que hay quien SI ha hallado la clave para no sentirse así; esa clave en donde lejos de sentirte presionado te sientes AFORTUNADO por “encontrar” ese sentimiento, el cual suele pensarse que alguien más despertó en ti, pero que en realidad TU DECIDISTE AL FIN DESPERTAR DENTRO DE TI, Y MEJOR AUN, COMPARTIR Y DEJARTE COMPARTIR.

Einstein supo de ciencia y energía, al establecer el supuesto de que la energía no se crea ni se destruye; solo se transforma, no siendo aplicable el mismo supuesto para las emociones y el amor; pues el amor difícilmente se “encuentra” como si fuera una moneda de 10 centavos en la calle; tampoco resulta saludable pretender encontrarlo en alguien más.

El amor SÍ se crea, se alimenta; se explora y lo más maravilloso de todo es que basta con echar un vistazo interno para darnos cuenta de que ahí está de manera natural depositada la posibilidad para hacerlo crecer y disfrutarlo cuánto más se quiera disfrutar.

El exigir a alguien más que corresponda de la misma forma puede resultar frustrante e irrespetuoso, pues esa otra persona en definitiva no está obligada a querer igual que uno. Nadie nos enseña cómo amar, nadie nos enseña cómo dejar de hacerlo tampoco. Todos vamos haciendo el mayor esfuerzo por encontrarnos en el acoplamiento que nos haga sentir lo más cómodos posible durante nuestro camino. Sin embargo es de suma importancia empezar por DECIDIR CREAR esa FORMA DE VIDA, en donde nos dispongamos a amar y disfrutar independientemente del estatus en que la sociedad nos catalogue (casado, soltero, divorciado, etc).

El verdadero amor se crea con base en diversas acciones y actitudes como comprensión, empatía, confianza, respeto íntegro al otro ser y a uno mismo; amistad, lealtad, esfuerzo, atención, entre muchas otras pero sobretodo con base en la DECISIÓN DE HACERLO. Las relaciones de exigencia, obligaciones y desconfianza crean relaciones de co-dependencia, que nada tienen que ver con amor ni con un estilo saludable de vida.​​

Pero esa decisión es interna, es individual y conlleva como principio elemental ATREVERSE a desarrollarse, explorarse y caminar con humildad en vías de explotar la mejor versión de uno mismo.

El amor SÍ SE CREA, también se abandona y en caso de decidirse así, se destruye. El amor es motor de vida. Es compañía por elección; y ya sea amor de amigos, pareja, familia o de cualquier tipo de relación sin lugar a dudas la forma más conveniente de desarrollarlo es CREÁNDOLO Y EXPLORÁNDOLO DE MANERA INTERNA, para que en automático se COMPARTA y se COMPLEMENTE con alguien que esté dispuesto a compartir lo más valioso que cualquiera tiene: la vida misma.

El amor no se vende en una cajita, ni se desmorona así sólo porque sí. El amor constantemente se alimenta, se reinventa y se nutre. El verdadero amor no abandona mientras haya respeto por el amor propio. No se puede amar a otro sin amarse a uno mismo.

El verdadero amor no obliga, pero recordando que inicia de forma interna, en todo el derecho se está de elegir con quien sí y con quien no compartirse; pues nada podría ser más saludable en esa decisión que tomar acciones para nutrirla y convertirla en la MEJOR DECISIÓN DE NUESTRA VIDA.

Relacionarse con alguien más tal vez no es lo más sencillo, pues todos crecemos acumulando ideas, creencias y formas de vida distintas; sin embargo; el encender esa luz interna puede resultar tan gratificante que todo esfuerzo, y camino obscuro habrá valido la pena. La luz que se genera cuando en un inicio nos atrevemos a establecer una agradable relación nosotros mismos; puede ser tan fuerte que el impulso nos lleve directamente a encontrarnos con alguien, que como nosotros, ya se decidió a encender dicha luz y que esté dispuesto a disfrutar su propia decisión.

Si tu que lees esto, te encuentras en el desánimo y la desesperanza; despreocúpate que basta con que te atrevas a encender esa luz interna para caminar por un sendero nuevo; en donde te encuentres con motivantes situaciones. Nada tiene de malo lo desconocido, no hay por qué temer; nada tiene de malo decidirse a amarse, compartirse y ser feliz.

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